jueves, 27 de agosto de 2009

El regreso al politeísmo


La diversidad es de por sí incluyente, la dualidad es de naturaleza excluyente. Al reducir nuestro discurso existencial a la dicotomía Luz / Sombra, Blanco / Negro, Positivo / Negativo, Belleza / Fealdad, Sujeto / Objeto, Observador / lo Observado, Bondad / Maldad… mutilamos la capacidad multifacética de nuestra naturaleza profunda, marginando nuestras posibilidades por los espejismos y condiciones del ego dual, afanado en su búsqueda de marcar sus fronteras.

Con la ilusión de los opuestos hemos limitado nuestro hacer vital a la confrontación de dos fuerzas, dos dioses que controlan nuestro devenir, dejando de lado cualquier otro tipo de expresión arquetípica.

La historia, bajo el paradigma maniqueo cristiano, ha generado una escalada bélica de opuestos, restringiendo las demás potencias arquetípicas que nos habitan, obligándolas a tomar un bando para ser vistas y, las que se mantienen en su “oposición a los opuestos”, son rechazadas y llevadas al fondo de nuestro averno personal. Nuestro mismo cuerpo termina por confirmar cómo estas fuerzas irreductibles salen de su confinamiento a través de la neurosis y el síntoma, manifestación de batallas donde los antagonistas anhelan resolverse, sin saber que su única salida es disolverse, uno con el otro, en el espejismo de su contradicción.

Quizás la salida sea retomar el politeísmo como un recurso expresivo de los dioses internos. Ya no solo serán dos fuerzas batallando por nuestra alma, son miles de posibilidades de manifestar creativamente nuestra naturaleza, bajo las formas más diversas, sin estar ninguna supeditada a otra bajo un rol moral.

Parafraseando a Wilber "la cuestión no es separar los opuestos sino unificarlos para descubrir un fundamento que los trascienda y abarque". Ya no habrán oposiciones donde resguardarse, solo manifestaciones de nuestras dinámicas que fluyen desde las dimensiones internas hacia la conciencia como un ecosistema vivo en permanente movimiento, un olimpo lleno de dioses y semidioses interactuando con la humanidad.

martes, 18 de agosto de 2009

Servicio y reclutamiento


Sanadores, terapeutas, chamanes, curanderos, médicos, todos creemos que escogemos nuestro oficio por obra y gracia de nuestra propia voluntad, intereses personales, oportunidades laborales o, en un sentido más grande, por designio divino. Al sumergirse en la dimensión sistémica, bajo la mirada de Constelaciones Familiares, nos encontramos que realmente todos somos reclutados por el sistema familiar para sanar, equilibrar y poner en orden los vínculos de nuestro linaje.

Los sanadores no escogemos estar al servicio, somos escogidos como forma de compensación dentro del sistema familiar, en la búsqueda de un orden al servicio de la vida, respondiendo el llamado de 7.500 generaciones de seres humanos que nos han precedido y corren aún por nuestras venas.

Ese deseo de servir con el que tanto nos identificamos solo es el resultado de una búsqueda de sanación reclamada desde el pasado familiar, y a la vez, somos la causa que reclama el equilibrio a las voces del pasado, en una relación de información circular del pasado al futuro y viceversa (bucle retroactivo). Frente al llamado de los ancestros solo queda bajar la cabeza y con la mano en el corazón honrar el espacio que han abierto para nosotros en este presente.

jueves, 13 de agosto de 2009

Yo solo cuido el camino


Cuando el consultante entró con El Profe Pablo García, buscando una sanación, luego de más de ocho horas de viaje hasta llegar a Huautla de Jiménez, en la Sierra Mazateca de México, las palabras con que mi maestro lo recibió fueron las siguientes:

“Los hongos hacen el trabajo. Los hongos te mostrarán las cosas que tú no quieres ver. Esa es la sanación que buscas. Yo solo cuido el camino. Lo de sanarte está en tus manos y en las de Dios.”

Algo relevante de este testimonio está en validar como el chamán no se identifica así mismo como hacedor / salvador, al contrario, su oficio se fundamenta en ser simple vehículo, canal o puente, espejo, facilitador, partero, etc.

Para él era importante que cuidáramos la fuerza del propio consultante, invitándonos siempre a estar atentos a nuestra soberbia sin menospreciar la dignidad, sensibilidad y autonomía del Otro, y lo más importante, sin quitarle al consultante la responsabilidad de que su sanación y equilibrio solo depende de él mismo.

Por otro lado, su testimonio guarda también una importante clave: La conciencia de ver más allá del síntoma y descubrir que la raíz de lo no resuelto es el mecanismo disparador de la sanación. Ver lo que antes no podíamos ver nos lleva a un lugar de conciencia diferente y desde allí el impulso natural de nuestra naturaleza dinámica nos pone de nuevo en movimiento, es decir, en el cambio, fundamento de la sanación.

(El Profesor Pablo García haciendo una limpia en el Cerro de Adoración, Nindó Tocosho, Huautla de Jiménez, Oaxaca, México).

martes, 11 de agosto de 2009

El espejear mágico


El poeta ve donde otros no ven. Ve lo que está allí, invisible tal vez por lo cotidiano; oculto porque oculta un misterio. Lo misterioso es algo que desaparece en las apariencias, algo que lo evidente hace invisible. El poeta toma lo aparente y lo transforma, lo lleva a otro ámbito y lo hace visible. El acto poético es un acto transformador del mundo.
Humberto Maturana Romesín


Conoce a tu rival.
Contempla su vida detenidamente
las historias que jamás se contarán de él
su bondad en la victoria
sus gestos en la derrota
el origen de sus virtudes
donde domesticó sus fuerzas
el primer látigo aleccionador.
Contempla las explosiones indóciles
de su temperamento
sus deseos inconclusos
sus odios enquistados
sus amores viscerales.

Conoce a tu rival.
Plántate frente al espejo.
Ataca.

Este poema que comparto lo escribí hace casi ya una década atrás en México y publicado en el libro HASTA AGOTAR LA EXISTENCIA, antología de nuevos poetas, Editorial Grupo Resistencia. Lo traigo a la memoria pensando en la práctica del espejear, ese ejercicio de observación y escucha de los dioses / fuerzas / voluntades que nos habitan. El quehacer del espejear nos alinea con aquel propósito más grande, incognocible pero sí intuible, que marca nuestro destino. Tanto el chamán como el terapeuta deben ser ese espejo vivo que refleja lo invisible para el consultante. En el ejercicio del espejear el acto de percibir se vuelve mágico, ya que lo que no es se manifiesta a los ojos del que no ve, en una experiencia directa de un mundo nuevo. En ese sentido poesía y magia se vinculan. Tezcatlipoca, dios tolteca, conocido como "el espejo humeante", señor de los Nahualli (magos), cargaba en su pecho un espejo de obsidiana (de allí su nombre), es el único de los dioses que entiende la naturaleza del mundo y lo que se oculta detrás de las apariencias. En su espejo se podía ver el verdadero sentido de cada acto y acción, pero solo los magos tenían la fortaleza para ver en su reflejo lo que determina nuestro destino. Los no preparados se perdían en la noche de la locura.

Yo no creo. Yo sé.

Esta es la respuesta que dio Jung cuando le preguntaron si creía en Dios. Anexo un video con reflexiones magistrales del filósofo y profesor Enrique Eskenazi, hablando de psicología profunda, el creer versus saber, el deseo y la realidad, entendida esta última como la más grande de las metáforas.

(Agredecimientos a David Londoño pr compartirlo).





viernes, 10 de julio de 2009

Polaridad Ritual


Siguiendo el tema del chamanismo mazateco, que muchos me han consultado, quisiera hacer mención de algo importante. Dentro de la mitología mazateca y sus ámbitos chamánicos, se pueden encontrar dos aspectos en el ejercicio ritual de los Chotachinés (hombres de sabiduría / conocimiento ) y Chinchinés (mujeres de sabiduría / conocimiento). Uno de ellos pone su trabajo al servicio de las fuerzas celestes y luminosas, buscando el favor de los poderes tutelares de alguna montaña o cañada (Chikones, entre ellos su principal representante, el Chikón Nindó, señor guerrerro de la montaña que habita el Nindó Tocosho) y el otro, a los poderes de la oscuridad y el inframundo, que aguardan en cuevas y cavernas (entre otros como el Chato, que se encuentra en una cueva cerca al Puente de Fierro, camino a Huautla). Quitándole el maniqueísmo cristiano (Bien vs. Mal) y el actual sincretismo de la cultura mazateca, los chamanes pueden servirse indistintamente de los dos aspectos como fuerzas benefactores y medio eficaz para cumplir los propósitos encomendados. No hay tabú en ello pero sí riesgos, ya que las solicitudes y pagos que pide cada uno son diametralmente opuestos; por ejemplo, al Chikón Nindó se le ofrendarán semillas de cacao y huevos de guajolote, pero el Chato exigirá vidas humanas.

Lo que verdaderamente quisiera recalcar, y no se menciona en ningún lugar por lo que me parece fundamental hacerlo, es la correcta forma de identificar a cual poder dedica sus servicios el Chotachiné al que se consulta, ya que ello depende de que el mismo consultante no termine siendo una víctima en vez de alguien auxiliado.

Los Chotachinés y Chinchinés al servicios de los poderes celestes y luminosos pondrán su altar hacia el oriente, hacia la salida del sol; es decir, cuando el chamán se coloca frente a éste debe quedar mirando hacia el Oriente. El altar se convierte así en una representación de los poderes solares, de la fertilidad, la vida y en últimas, como Jesús o Apolo, de la conciencia. Por el contrario, el altar que mira hacia el poniente habla de un chamán que está al servicio de los poderes del inframundo, crepusculares, nocturnos y demoniacos.

Las dinámicas a las que cualquiera se expone bajo un trabajo chamánico merece cuidar estos aspectos y no solo reducirlos a simples mitos, ya que debajo de las máscaras hay otras fuerzas desplegándose, o como dicen las abuelas “no hay que creer en brujas, pero que las hay las hay”.

(El Profesor Pablo García haciendo sus respetos en el Cerro de Adoración, el Nindó Tocosho).

sábado, 27 de junio de 2009

Mal Viaje y Buen Viaje

El viaje enteógeno, ese mirarse para adentro a través de las plantas de poder e incluso algunos químicos sintéticos, le abre la puerta a nuestros contenidos inconcientes y permite cruzar las fronteras de lo transpersonal y numinoso que nos habita. Allí, el cuidado responsable de sí mismos garantiza que, aquello que guardamos en nuestras profundidades, tenga la mejor forma de expresarse, ya que el enteógeno solo es un recurso para contactar nuestra fauna abisal, la cual no ha sido domesticada por los controles de la razón. Es por ello que ese aventurarse más allá de los límites de nuestro ego tiene un costo. Muchos lo pagan gratamente como parte de su proceso personal, pero para otros es una amenaza al confort de su propia ceguera.

Al romper los candados, permitimos que se desplieguen y reacomoden los contenidos concientes e inconcientes que estaban pulsando en desequilibrio. Este es un fenómeno normal como parte natural correctiva de la dinámica interna. Cada psiconauta experimentará el proceso según lo que necesite para sí mismo, sea alcanzar estados de trascendencia, unidad y lucidez imposibles para la conciencia normal (Buen Viaje) o hasta el acomodo involuntario de heridas reprimidas o experiencias no integradas en la totalidad del ser (Mal Viaje). Bajo una mirada más amplia la crisis psicótica y el Mal Viaje, que pudiera experimentarse bajo los efectos del enteógeno, más que una distorsión patológica a la que hay que resistirse, solo es parte de una búsqueda de integración de las tendencias reprimidas que pesan y llevan al desequilibrio.

El reordenamiento de los contenidos internos es parte del viaje enteógeno. Si le quitamos la lectura maniquea del Buen Viaje y Mal Viaje, y nos permitimos, sin resistencias, trascender las angustias de la pérdida de control, podemos regresar más completos, menos fragmentados. Las plantas de poder o enteógenas son ante todo medicina para el alma, remedio para el ser.

martes, 9 de junio de 2009

Búsquedas y expectativas


Parafraseando un poema del escritor chino y filósofo taoista, Deng Ming-Dao, aprovecho para pasar revista a esos anhelos con que los buscadores de su propia verdad se llegan a topar. Espejismos y abalorios que confunden un camino que, muchos creen, termina en una plétora de plenitud y bendiciones. El camino solo es.



El genio de inteligencia superior no ha llegado.
La fuerza titánica no ha llegado.
Las visitas de los dioses no han llegado.
La liberación del cansancio no ha llegado.
El fin de las enojosas molestias no ha llegado.
La fama no ha llegado.
La ilimitada comprensión de los demás no ha llegado.
Los Poderes no han llegado.
La habilidad para curar espontáneamente no ha llegado.
El don de la profecía perfecta no ha llegado.
Ninguna de estas cosas han llegado,
Sin embargo, no puedo abandonar el camino del Espíritu.

Deng Ming-Dao

martes, 2 de junio de 2009

Inmersión en los territorios inconcientes


A petición de algunos lectores busqué, con un ejemplo muy didáctico, describir cómo es la inmersión en los territorios inconcientes del otro, es decir, eso que llamamos chamanizar. Es un caso bastante sencillo pero elocuente de cómo se puede entender la biografía de una persona a través de la geografía que se vislumbra dentro del propio viaje enteógeno. El relato que a continuación describo es parte de un viaje más largo, que incluye facetas más profundas, pero el aparte sirve a los fines antes descritos.

Una mujer me consultó para tratar su miedo al rechazo y un patológico deseo de complacer a los demás, sobre todo a la propia pareja. Trabajé con la mujer sirviéndome de los hongos, los cuales los dos ingerimos. En el viaje enteógeno vi una niña de cinco años jugando sola y triste en un cuatro lleno de juguetes con formas fantásticas. Le pregunté a la niña qué le pasaba y me dijo que su mamá no estaba.

Concientemente le pregunté a la consultante que le había pasado a los cinco años y me dijo que su hermana había nacido. Esa pregunta y su propia respuesta le dio un insight sobre un sentimiento de abandono que había sentido por parte de su madre, el cual había reprimido todos estos años, (corroboré posteriormente que su madre había tenido que estar inmovilizada en los últimos meses de embarazo por complicaciones) detonándole en ese momento un llanto catártico que se alargó por varios minutos hasta alcanzar un estado de paz profunda. Imágenes de cascadas y ríos turbulentos acompañaron el llanto, las aguas alborotadas fueron amainando su fuerza lentamente mientras hablaba con ellas solicitando su apaciguamiento. Al sumergirme una vez más en el viaje enteógeno pude ver la metáfora de la integración de la experiencia, cuando veo que la niña se despide de mí, bastante complacida, llevada de la mano de una mujer que carga un bebe a la espalda a la manera indígena, las tres cruzan una puerta y salen a un exterior luminoso.

La intervención generalmente es más literal y profunda, trabajando directamente en la metáfora y la imaginería animista que el otro abre al vincularnos dentro de la experiencia enteógena, todo depende del asunto a trabajar. En este caso se resolvió la experiencia no resuelta sin tanta mediación. Igual, todo resultó en un cambio paradigmático de la mujer, la cual que no volvió a recaer en las angustias de un posible rechazo afectivo o sus miedos anticipatorios de una ruptura con su pareja.

Tu biografía hace tu geografía

Sirviéndonos del paradigma de Caroline Myss “tu biografía hace tu biología”, podemos llevarla hasta decir que “tu biografía hace tu geografía”. Esta imagen nos ayuda a definir el trasegar chamánico como un recorrido vivo por los paisajes internos del inconsciente y su historia, territorio que nos vincula con todos, con todo y el Todo. Sólo al sumergirnos concientemente dentro de los fenómenos propios y/o los ajenos (como labor de servicio) nos es posible percibir su verdadera dimensión y su impacto en nuestra vida.

Esta naturaleza inaprensible del inconsciente nos impide hacer mapas definitivos para los territorios más profundos del alma pero podemos guiarnos a través de sus rasgos más accidentados. Allí los símbolos e imágenes arquetípicas nos permiten desenredar la madeja de cada alma en su búsqueda de sanación, integración y transformación. Guiándonos a través de estas señales podemos explorar los orígenes de cada padecimiento. Metáforas míticas que reflejan desde trastornos perinatales, traumas infantiles, experiencia no integradas, etc. o ya sus manifestaciones físicas somatizadas a través de desequilibrios orgánicos.

Cuando comenzamos a adentramos más en el inconsciente y logramos contactar alguno de sus habitantes, nos comunicamos con ellos, transmitimos sus mensajes o integramos armoniosamente al conjunto de la existencia, podemos vislumbrar que lo que pensábamos como un viaje interior es realmente una exploración a dimensiones superiores que nos trascienden, donde el conocimiento que nos es dado allí es manifestado muchas veces independientemente de lo que conocemos, somos y sabemos. Al entrar salimos y viceversa. Esto debe suponer un cambio en el concepto de lo que pensamos como el mundo interior, definido como un escenario dramático limitado a las neurosis personales.

Pero al seguir profundizando vemos que el inconsciente es mucho más que una puerta que comunica dos universos, que él nunca había separado nada, que somos seres inconcientes en la ilusión de una conciencia yoica y que las metáforas míticas se vivencian diriamente interior como exteriormente. El explorar los sustratos más profundos de lo que creemos que somos nos ayuda a entender que no hay ningún tipo de cortina divisoria entre los que llamamos el mundo interior subjetivo y exterior fenomenológico. Las correlaciones entre uno y otro todos los días definen nuestra mirada del mundo. Solo por nuestra afirmación en el ego hemos sabido separar lo que es y de lo que no. El Doctor Hofmann lo señala muy bien al explicar que bajo un estado místico la realidad se revela con otro aspecto mayor y “la frontera erigida por nuestro intelecto entre el yo y el mundo exterior se disuelve, y el espacio interior y exterior se funden entre sí”.

Lo importante es señalar que al sumergirnos en nuestro ser profundo y contactamos los ecosistemas abisales del reino transpersonal, emergemos sabiendo que en el universo la dimensión mítica y la real coexisten sin contradicciones, superponiéndose una a la otra sin que ni siquiera nos demos cuenta. Experimentar esto nos da una perspectiva más amplia de nuestra vida, haciendo de nuestra existencia un chamanizar constante.