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miércoles, 21 de octubre de 2009

El altar del Chota-a tchi-née


Al respecto de la labor de intermediación que los “hombres de conocimiento” (Chotachiné, Chota Chiné, Xuta Chjine, Chota-a tchi-née) realizan en las veladas mazatecas quisiera detenerme en algunos aspectos, entre ellos, la importancia del altar en esa tradición.


Para el Chotachine, nombre genérico como los mazatecos llaman a sus terapeutas (persona con habilidades especiales obtenidas a través de la formación y de la experiencia, que en su labor, ofrece apoyo) originales de la Sierra Mazateca en Oaxaca, el altar es un elemento fundamental en la velada.


Su aspecto místico es esencial, ya que es la mesa espiritual que el Chotachiné recibe para su ejercicio, luego de su iniciación: la Ceremonia Especial de entrega de bastón de mando, donde es infundido de poder por los Chikones (Poderes tutelares de la región). Ella se debe plantear como una escenografía transpersonal que sirve al proceso que se iniciará con los hongos. Cada objeto allí puesto debe servir a la ceremonia en su totalidad, tanto en su aspecto utilitario como en el simbólico. Nada es accesorio, todo cumple una razón de ser dentro del conjunto del altar.


Para su armado se deberán colocar sobre una mesa imágenes de sanación, protección y bienestar, además de referencias gráficas a los Chikones, en especial a San Martín Caballero, imagen sincrética que representa al Señor de la Montaña, al “Huero”, el Chikón Nindó Tocosho. Otras imágenes que se pueden colocar son la Virgen de Guadalupe, San Miguel Arcángel, San Pedro y San Pablo, etc (según el trabajo a cometer).


Se agregan flores (dadas, preferentemente, por los asistentes), veladoras o velas de cera virgen (que se prenderán al comienzo de la velada y, encenderse, si alguna persona pasa por una crisis curativa); botellas de agua para la sed; mezcal, para dar de tomar en caso de que a algún participante se enfríe mucho y le baje la tensión arterial.


Como aspecto central estará la copalera, la cual trabajará el Chotachiné, y el piciete (San Pedro) o tabaco ceremonial, para abrir camino en las dificultades del viaje enteógeno. La copalera cumplirá la función de fuego central y, al mismo tiempo, ombligo del mundo por donde se cruzan los planos.


Se pone el altar en dirección Este, es decir, cuando el Chotachiné se sienta frente a él, debe mirar en dirección a dónde amanece. La dirección opuesta refiere a la brujería, en su inclinación con trabajar las fuerzas crepusculares, ubicadas en el Oeste, donde muere el día.


El Chotachiné estará siempre trabajando frente a su mesa espiritual: el altar. Los asistentes se ubicarán de igual forma. Los procesos transpersonales tendrán un ámbito individual, pero por otro lado, el Chotachiné, como guía y facilitador, ayudará desde el altar a cada participante como al mismo conjunto del grupo, el cual tiene una dinámica, un tono propio que se va desarrollando a lo largo de la ceremonia.


El altar en la velada mazateca es el lugar donde los Poderes se despliegan y la guía del Chotachiné toma lugar. De allí que no es simple decorado. Es eje del ritual.

jueves, 13 de agosto de 2009

Yo solo cuido el camino


Cuando el consultante entró con El Profe Pablo García, buscando una sanación, luego de más de ocho horas de viaje hasta llegar a Huautla de Jiménez, en la Sierra Mazateca de México, las palabras con que mi maestro lo recibió fueron las siguientes:

“Los hongos hacen el trabajo. Los hongos te mostrarán las cosas que tú no quieres ver. Esa es la sanación que buscas. Yo solo cuido el camino. Lo de sanarte está en tus manos y en las de Dios.”

Algo relevante de este testimonio está en validar como el chamán no se identifica así mismo como hacedor / salvador, al contrario, su oficio se fundamenta en ser simple vehículo, canal o puente, espejo, facilitador, partero, etc.

Para él era importante que cuidáramos la fuerza del propio consultante, invitándonos siempre a estar atentos a nuestra soberbia sin menospreciar la dignidad, sensibilidad y autonomía del Otro, y lo más importante, sin quitarle al consultante la responsabilidad de que su sanación y equilibrio solo depende de él mismo.

Por otro lado, su testimonio guarda también una importante clave: La conciencia de ver más allá del síntoma y descubrir que la raíz de lo no resuelto es el mecanismo disparador de la sanación. Ver lo que antes no podíamos ver nos lleva a un lugar de conciencia diferente y desde allí el impulso natural de nuestra naturaleza dinámica nos pone de nuevo en movimiento, es decir, en el cambio, fundamento de la sanación.

(El Profesor Pablo García haciendo una limpia en el Cerro de Adoración, Nindó Tocosho, Huautla de Jiménez, Oaxaca, México).

viernes, 10 de julio de 2009

Polaridad Ritual


Siguiendo el tema del chamanismo mazateco, que muchos me han consultado, quisiera hacer mención de algo importante. Dentro de la mitología mazateca y sus ámbitos chamánicos, se pueden encontrar dos aspectos en el ejercicio ritual de los Chotachinés (hombres de sabiduría / conocimiento ) y Chinchinés (mujeres de sabiduría / conocimiento). Uno de ellos pone su trabajo al servicio de las fuerzas celestes y luminosas, buscando el favor de los poderes tutelares de alguna montaña o cañada (Chikones, entre ellos su principal representante, el Chikón Nindó, señor guerrerro de la montaña que habita el Nindó Tocosho) y el otro, a los poderes de la oscuridad y el inframundo, que aguardan en cuevas y cavernas (entre otros como el Chato, que se encuentra en una cueva cerca al Puente de Fierro, camino a Huautla). Quitándole el maniqueísmo cristiano (Bien vs. Mal) y el actual sincretismo de la cultura mazateca, los chamanes pueden servirse indistintamente de los dos aspectos como fuerzas benefactores y medio eficaz para cumplir los propósitos encomendados. No hay tabú en ello pero sí riesgos, ya que las solicitudes y pagos que pide cada uno son diametralmente opuestos; por ejemplo, al Chikón Nindó se le ofrendarán semillas de cacao y huevos de guajolote, pero el Chato exigirá vidas humanas.

Lo que verdaderamente quisiera recalcar, y no se menciona en ningún lugar por lo que me parece fundamental hacerlo, es la correcta forma de identificar a cual poder dedica sus servicios el Chotachiné al que se consulta, ya que ello depende de que el mismo consultante no termine siendo una víctima en vez de alguien auxiliado.

Los Chotachinés y Chinchinés al servicios de los poderes celestes y luminosos pondrán su altar hacia el oriente, hacia la salida del sol; es decir, cuando el chamán se coloca frente a éste debe quedar mirando hacia el Oriente. El altar se convierte así en una representación de los poderes solares, de la fertilidad, la vida y en últimas, como Jesús o Apolo, de la conciencia. Por el contrario, el altar que mira hacia el poniente habla de un chamán que está al servicio de los poderes del inframundo, crepusculares, nocturnos y demoniacos.

Las dinámicas a las que cualquiera se expone bajo un trabajo chamánico merece cuidar estos aspectos y no solo reducirlos a simples mitos, ya que debajo de las máscaras hay otras fuerzas desplegándose, o como dicen las abuelas “no hay que creer en brujas, pero que las hay las hay”.

(El Profesor Pablo García haciendo sus respetos en el Cerro de Adoración, el Nindó Tocosho).

martes, 19 de mayo de 2009

Hoja de la Pastora

El uso de la Salvia Divinorum u Hoja de la Pastora, bajo la tradición mazateca, sigue el mismo modelo de la velada mazateca con hongos. La preparación del altar, la consagración de las 16, 21 o 52 pares de hojas en la copalera, la presentación de los participantes a los poderes tutelares y a la misma planta, el canto y la labor meditativa en la oscuridad son fundamentales para el buen viaje enteogénico.

Por el contrario, por la corta duración de la experiencia (hasta 3 horas luego de una ingestión de hojas frescas), su uso se aplica para trabajos particulares totalmente claros para el consultante. Entre estos fines concretos está, por ejemplo, la adivinación y el recurso oracular, para encontrar cosas perdidas, saber el estado de algo o alguien a distancia, encontrar remedios específicos a dolencias, dar respuesta a preguntas, etc.

En mi experiencia el viaje enteogénico es mas vistoso y brillante que con los hongos; se puede llegar a conectar fácilmente con manifestaciones arquetípicas, con las cuales se puede conversar como en un sueño ( a ellos se les consulta), pero de forma muy vívida; las sensaciones corporales anómalas, como la dislocación de las extremidades puede agudizarse y ser atemorizante para el que no está en control; el viaje a otras realidades o espacios míticos no requiere gran pericia. La planta trata bonito y es una gran facilitadora de temas prácticos, por ello su importancia en la cultura mazateca, sirviendo de ayuda y acompañamiento a los maestros de estos usos.

viernes, 15 de mayo de 2009

Psicopompos

Así iban las almas estridentes todas juntas y las conducía Hermes, el Benéfico, por los sombríos senderos. Traspusieron las corrientes de Océano y la Roca Leúcade y atravesaron las puertas de Helios y el pueblo de los Sueños, y pronto llegaron a un prado de asfódelo donde habitan las almas, imágenes de los difuntos.
CANTO XXIV, La Odisea, Homero.


Uno de los temas más apasionantes, en mi experiencia con el ámbito chamánico, es la del chamán como Psychopompos (de psyche "alma" y pompos, "guía"). Para mí, está es una labores fundamentales de la práctica chamánica y el refinamiento de esta habilidad marca la diferencia entre los maestros y sus aprendices. Como mediador e interlocutor entre los diferentes planos de conciencia o realidades, el chamán desarrolla destrezas para manejarse a través de estos ámbitos sutiles, sin menoscabo de su integridad física, mental y espiritual. Esta facultad, le permite ejercer una de sus funciones básicas como servidor de la sociedad, que es la de conducir, rescatar, acompañar, cuidar y orientar las almas que están en dichas dimensiones cósmicas o estados espirituales.

Diferentes personajes míticos han actuado como psicopompos o guías de almas, ayudándoles a los muertos a encontrar su camino hasta el Inframundo, o traen los sueños a los vivos y hasta rescatan almas de aquellos reinos para volver a encarnarlas en este plano. Entre los más conocidos están Hermes, Anubis, Morfeo, Perséfone, Pan; o el Ángel de la Muerte, conocido como Azrael por los judíos e Izrail por los musulmanes y Mordad entre los persas; también se representa como el Ángel Gabriel, Baldr en la mitología nórdica, la Muerte con su guadaña, los Shinigami japoneses o las Valkirias germánicas. Todos ellos custodian las entradas a los mundos sutiles inferiores o superiores, según el destino del alma. Como mediadores entre dioses y hombres, vinculan ámbitos psíquicos, pudiendo crear puentes entre las pulsiones inconscientes, las tensiones somáticas y la conciencia, para bien del consultante.

Ahora, lograr sumergirse en los ámbitos transpersonales ajenos, es decir, en las regiones inconcientes y espirituales del propio consultante, y rescatar de allí lo que está fragmentado o no integrado, es un ejercicio de impecabilidad personal que requiere una gran pericia. La habilidad para reconocer los contenidos propios de los ajenos y navegar como psiconauta, entre diferentes planos de conciencia hasta ir a la médula del conflicto no resuelto del otro, requiere años de trabajo personal y pulcritud en la práctica. En el chamanismo mazateco se busca alcanzar un total refinamiento en las incursiones a los otros mundos, buscando en cada viaje afinar la capacidad de orientación y el discernimiento, que cuida al consultante de perderse entre las realidades míticas que allí se movilizan y al propio Chotachine (Chota-a T chinée, del mazateco Hombre de Conocimiento) de involucrase emocionalmente con los contenidos ajenos.

Por supuesto y aclarando, este ejercicio no es una metáfora de una labor terapéutica tradicional, al contrario, uno realmente se sumerge en los contenidos inconcientes del otro y hay un encuentro conciencia-chamán en inconciente-consultante, donde la biografía del otro se hace geografía y se recorren sus dominios simbólicos hasta traer a la luz lo perdido. Todo, gracias a la ceremonia enteogénica y las enseñanzas de los grandes Chotachines, que han guardado estas técnicas por cientos de años.

martes, 3 de marzo de 2009

Piciete, tabaco sagrado

En estas fechas cuando al tabaco se le ha despojado de cualquier aspecto sacro, como se le reconocía en la América prehispánica, y su veneración ha quedado reducida a la de los adictos a la nicotina, quiero recordar su importancia en la cultura mazateca, y en especial en el ámbito de las ceremonias con hongos o veladas mazatecas.

Conocido como “piciete” -corrupción del nahualt picietl-, la planta del tabaco embellece los jardines de la mayoría de las casas en Huautla de Jiménez, Oaxaca. Además de ornamental las altas plantas tiene un fin protector, cuidando los espacios de males de ojo y envidias. Pero su labor no termina ahí. Como era tradición en nuestras visitas a Huatla, nuestro amigo y maestro el Profe Pablo García nos ponía “chamba’ apenas pisábamos su casa, preparándonos para el trabajo interior en las veladas. Una de las principales tareas era hacer piciete, por lo que poníamos manos a la obra sacando hojas frescas de plantas de tabaco que crecían silvestres atrás de su casa, para luego de limpiarlas con agua y sacarles cuidadosamente la nervadura principal, debíamos moler en un metate, mezclando el resultado con cal natural comprado en el mercado. El molido de las hojas frescas en el metate debía permitir extraer el jugo fresco, que se recogía en una jícara, como obtener también el material molido, el cual se ponía inmediatamente al sol para su secado. Seco y convertido en polvo el Piciete, o San Pedro, como también se le conoce, se podía disponer para su uso ceremonial y medicinal.

Su función en la ceremonia con hongos era de darle dirección al viaje, es decir, mantenernos en el propósito original con el que comenzamos la velada, ya que los menos diestros en la tarea de orientarse durante el proceso enteógeno con los hongos tendíamos fácilmente a errar nuestro norte, perdiéndonos en los callejones abisales de nuestro inconciente y su a veces caótica amalgama de imágenes. El Profe al reconocer el más mínimo desvío de nuestro objetivo principal, nos daba una manotada de piciete, el cual debíamos masticar lentamente con agua, o en su defecto y con ánimo medicinal, nos daba un trago del fuerte extracto de tabaco, el cual era verdaderamente solo para valientes.

Como reacción química la cal facilita la absorción de los alcaloides propios de la planta, liberando un efecto estimulante de atención y alerta, además de mejorar el rendimiento cognitivo, lo que equilibra la alteración de conciencia debido a los hongos sin reducir su efecto. En otras palabras, cuando el viaje se comenzaba a distorsionar merced al ruido interior el consumo del piciete nos devolvía al orden, encaminándonos nuevamente en la intención original de nuestra ceremonia. Algo que sin el piciete solo se lograría gracias a la maestría de los grandes chamanes mazatecos y su disciplina para mantener el control sobre los impredecibles caminos que esperan cuando nos sumergimos en los contenidos inconscientes.

El exacto conocimiento del manejo de estas plantas nos habla de una técnica que ha tenido miles de años para sofisticarse en manos de generaciones de Chotachines - Hombres de Conocimiento- cada una aportando su experiencia en aras de la sanación. Todo un tesoro cultural preservado por los abuelos mazatecos que pese a todo mantienen el respeto por su tradición.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Del mito a la realidad objetiva

Entender que las cosmogonías y el entablado de creencias de cada cultura no son solo narraciones míticas del imaginario popular, sino fuerzas vivas que participan de la realidad objetiva dentro de la comunidad, es un tema que va contra toda lógica racionalista. Ello no impide que los personajes míticos se sigan expresando en cada pueblo, dejándose ver apenas levantamos los velos de lo aparente. La pregunta que me hago es si el sujeto del mito salta del relato para integrarse a la vida respondiendo al colectivo, o es una manifestación arquetípica del observador en su propia realidad o por qué no, un simple delirio.

Estos interrogantes me recuerdan una de mis primeras visitas a Huatla de Jiménez en Oaxaca, tras las enseñanzas de mi maestro el Profesor Pablo García, cuando sagradamente buscábamos coincidir para la temporada de hongos. Mi amigo Pedro y yo aún no entendíamos muy bien el límite entre lo sagrado y lo profano, pero siguiendo las recomendaciones del Profe subíamos al Cerro de Adoración, el Nindó Tokosho, la montaña tutelar de la cultura mazateca, a dejar unas ofrendas al dueño del lugar, el Señor de la Montaña, el Huero como también le dicen, el Chikón Nindó. Entre las ofrendas cargábamos flores, copal, veladoras, semillas de cacao y tabaco.

Una mañana, apenas desempacados de un largo viaje desde la Ciudad de México iniciamos nuestra subida al Tokosho. En los últimos tramos, cansado de la caminata me rezagué de mi amigo que ya alcanzaba el altar de la cumbre. Sentado al borde del camino me permití tomar aliento un par de minutos mientras veía el montañoso horizonte de la Sierra gracias a que había bajado la tradicional niebla del lugar. No habría pasado un minuto cuando escucho una persona silbar una tonada. La curiosidad me hace levantar y veo a un hombre de sombrero en un caballo blanco acompañando un rebaño de cabras. Su apacible andar bastaba para que las cabras lo siguieran obedientemente en esas soledades. Desde arriba, apenas separado por unos 50 metros vi como siguió hasta doblar por un lado de la montaña. Me pareció curioso ver alguien tan arriba pero no le di mas vueltas y me encaminé otra vez a la cima. De bajada le pregunté al Profe quien podría ser el hombre que vi y si tenían permitido habitar tan cerca del Cerro de Adoración. El Profe como acostumbraba solo se río y me dijo que acababa de ver al mismísimo Chikón. Estupefacto indagué con otras personas y todas me confirmaron el sujeto del evento, siéndole a ellos algo tan natural como la lluvia en esas latitudes. Toda una experiencia que me catapultó a nuevas realidades.

Agrego apartes de un documental, donde María Sabina habla del Chikón.

Foto: Orando en el altar del Nindó Tokosho.

miércoles, 22 de octubre de 2008

El canto en la Sanación Holística

He visto como varios de los sanadores con los que trabajamos han cantado espontáneamente durante su trabajo terapéutico y lo mejor, han tenido una respuesta positiva de sus clientes. Lo anecdótico del hecho es que fue un impulso natural lo que los llevó a incorporar el canto sin que hubiera ningún antecedente de por medio, ni siquiera en la ducha. Pensé en ello como algo básico de nuestra naturaleza y su resultado tiene una razón de peso que ahora quiero abordar.

Todos los sonidos que escuchamos nos evocan diferentes sentimientos y despiertan las más variadas emociones. El sonido del mar, de una tormenta, de un niño riendo, la sirena de una ambulancia, una canción de cuna, todos tienen significados particulares asociados simbólicamente con alguna circunstancia vivida y aunque la relación afectiva puede ser diferente según la función que le da cada persona, bajo ellos subyace una dimensión acústica primal determinada por el ritmo y el tono. Murray Schafer los llamaría arquetipos sonoros y su uso es una de las herramientas fundamentales del chamanismo y ahora de muchos Sanadores Holísticos que integran a su labor el canto como recurso terapéutico.

Sirviéndonos como marco de referencia de Ceremonias como la Velada Mazateca (Oaxaca, México) y la Ceremonia Huichol (Nayarit, México) examinaremos el canto como principio rector en la labor terapéutica.

¿Cómo funciona? Forma y fondo
Como forma el canto da coherencia y un punto de referencia donde el ego puede anclarse mientras la conciencia se expande. Esto es ayudado por la reducción al mínimo de otros estímulos obligando a que nuestro ser, agudizado sensorialmente, solo capte el sonido, dándole así libertad al cerebro de nutrirse con las imágenes que evoca el mismo canto.



Como fondo los ritmos y las sutilezas melódicas del canto modulan el propio viaje interno. Esta cadencia, fundamentada en el tono y ritmo de la voz construyen un paisaje visionario por donde la conciencia se aventura. Esta geografía interna se va moldeando a razón del canto, así el chamán va orientando la percepción del participante hacia diferentes territorios dependiendo de lo que se quiere trabajar.

Un ejemplo típico del espectro Emocional / Sentimental que el canto puede propiciar está en guiar al participante hasta que se sumerja y alcance a tocar sentimientos como Melancolía, Tristeza, Enojo o Miedo los cuales lo regresan espontáneamente al evento donde la persona se estancó energéticamente, es decir, donde las heridas psicológicas se originaron y el trastorno o desequilibrio se detonó.

El mismo canto aproximará al participante a una resolución positiva del evento a través de alcanzar cadencias tonales que evoquen Reposo, Seguridad y Contención y con ello alcanzar estados de Paz, Armonía y Amor Sublimes o tomar otro camino a través de un frenético pero armonioso ritmo el cual conectará la memoria con la Alegría, eclosionando en un éxtasis expansivo.

No importa el lenguaje utilizado (mazateco, huichol o mapudungun) la entonación de la voz y sus matices sonoros darán expresión a los sentimientos y con ello a crear un escenario para que los contenidos más profundos de nuestro ser se explayen. Los invito a servirse del canto como herramienta para su trabajo, ábranse a su voz y a los sonidos primales que guardan en su más profundo ser, quien sabe cuantos más recursos tenemos disponibles y no nos arriesgamos a experimentar.

(Foto: Marakame Casiano luego de una Ceremonia de Fuego rodeado de unos amigos, entre ellos Pedro Jiménez y yo).

martes, 14 de octubre de 2008

El hábito no hace al monje.

Asistí hace pocos días a un evento donde una buena cantidad de Sanadores y Terapeutas de Medicina Alternativa se reunían. Lo primero que me saltó a la vista era la uniformidad con la que todos iban vestidos. Respetando los caminos y experiencias que cada cual ha vivido, todos iban vestidos de arriba a abajo de blanco, con collares de donde colgaban grandes cuarzos y usaban sandalias. Cuál es la razón de ello? Se es más “espiritual” al vertirse así? Lo alternativo se identifica así?

Lo que noté a lo largo de esta reunión es que estos códigos, más allá de servirles como identificadores (como el estetoscopio al Médico) , los terapeutas se autoexcluían a sí mismos asumiendo concientemente un estereotipo sin ningún tipo de contenido más allá del estético (consulté con un Cromoterapeuta por si había una razón). Entendí que, a falta de la visión reduccionista de algunos médicos alópatas y los dogmáticos del materialismo, la marginación podía venir igualmente de los propios Sanadores, que estereotipados bajo un molde simplificaban nuestro trabajo a un uso y costumbre, más que una visión totalizadora de la vida.

El Profesor Pablo García, reconocido Chota Chine (Hombre de Conocimiento en idioma mazateco) y amigo que me introdujo en la tradición mazateca con Plantas de Poder (hongos, hojas de Pastora) de las Sierras de Oaxaca en México, me decía que anteriormente en su pueblo, Huatla de Jiménez, en todas las familias había uno o varios Hombres o Mujeres de Conocimiento que cumplían un rol de intermediarios con el mundo espiritual, respondiendo a las necesidades particulares de alguna persona amiga o alguien del núcleo familiar. El asumir este rol no implicaba un cambio de profesión, de estilo de vida (más allá del celibato temporal que la tradición manda), modos y comportamientos. El Hombre de Conocimiento es tan normal como cualquier otro, solo su experiencia y sapiencia lo podían distinguir de otra persona. El ser capaz de contactar otros ámbitos de experiencia no los hacían seres especiales marginales, al contrario, ellos reconocían que todos estamos habitando ese mundo espiritual, de forma tan real como cuando se camina en este. Solo eran especialistas, tanto como lo puede ser un panadero.

Todo esto lo escribo porque a mi juicio los Sanadores no deben quedar estigmatizados bajo un cliché. Lo único que nos debe diferenciar de cualquier otro terapeuta es nuestra capacidad de integrar más recursos a nuestro trabajo terapéutico, a nuestra mirada del desequilibrio, a nuestro contacto con el cuerpo físico y su expresión energética, a los ámbitos transpersonales y sus proyecciones mundanas. Eso es lo que nos debe distinguir, de lo contrario caemos en clichés que no le hacen bien a la profesión.

(Foto: Profesor Pablo García y la Señora Apolonia, hija de María Sabina, vestida con el traje típico mazateco).