Mostrando entradas con la etiqueta Sentido de vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sentido de vida. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de octubre de 2009

Una psicoactiva búsqueda literaria



"Soy una parte de todo aquello que he encontrado en mi camino." Alfred Tennyson.


En mis primeros encuentros con las plantas de poder, donde las experiencias eran autodidactas y sin más guía que mi irresponsable curiosidad (¡qué bueno!), surgieron miles de preguntas, todas al servicio de mi pretenciosa necesidad por “entender” lo que vivía en mis inmersiones en el inconciente y más allá.


Eran los finales de los 80’s y comienzos de los 90’s, mi hambre intelectual me llevaba a devorar toda la información disponible acerca del tema, pero, la escasez de literatura en español, me limitaba. Ya leídos, me quería alejar de la contracultura (Aldous Huxley, Timothy Leary, Hunter Stockton Thompson, Ram Dass) y ya renegaba de la exaltación mítica de la figura de Carlos Castaneda.

Lo disponible se encontraba entre una visión antropológica cientificista, donde el consumo de plantas de poder era un arcaísmo de culturas protohistóricas y rezagadas (con un dominante racismo antropológico), o era la interpretación psicológica donde el chamán es solo un sujeto esquizoide.


Pero, por otro lado, pude poetizar con el testimonio de los “yonquis” confesos (William Burroughs, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Thomas De Quincey, Samuel Taylor Coleridge, Charles Baudelaire). La ilustración de Antonio Escohotado me reconcilió con muchos ámbitos y Ernst Jünger me dio la llave para filosofar sin miedos.


Luego el etnobotánico Terence McKenna y su libro El Manjar de los Dioses le dio otra dimensión al tema, sacándolo de la interpretación lógica (psicológica - sociológica – etnológica - antropológica) hasta abarcar la propia evolución de la conciencia.


Alejandro Jodorowski me rescató de la incredulidad, acercándome al tarot y a tomarme menos en serio. Así, pude llegar con menos afanes a Stanislav Grof y su mirada transpersonal que, a su vez, le quitó mis trabas a la compañía permanente e insuperable de C.G. Jung. No pasó mucho cuando me encontré con Abraham Maslow, Charles Tart, Ken Wilber, Fritz Perls, Wilhem Reich, John Pierrakos, Bert Hellinguer. Paralelamente, otra puerta se abrío con Gurdjieff, Sri Aurobindo y el budismo con D.T. Suzuki.


Veinte años después los testimonios no se agotan y sigo mis encuentros. Pero algo ha cambiado. Mi psicoactiva búsqueda literaria ya no tiene fuentes para comparar que no sea mi propio viaje. A todos los seres que leí, gracias sinceras. Faltan muchos por nombrar. Los honro por su valentía. Ahora, con humildad, empiezo a escribir mis propias páginas, mi propio camino, imposible sin todos ustedes que, desde su curiosidad, se atrevieron. Nos hermanamos en ese lugar. Hoy solo me queda repetir las palabras de Albert Schwaitzer: "Según vamos adquiriendo conocimiento, las cosas no se hacen más comprensibles, sino más misteriosas."


(Imagen: Máquina de escribir de Jack Kerouac, con la cual escribió el primer manuscrito de "En el Camino").


martes, 11 de agosto de 2009

Yo no creo. Yo sé.

Esta es la respuesta que dio Jung cuando le preguntaron si creía en Dios. Anexo un video con reflexiones magistrales del filósofo y profesor Enrique Eskenazi, hablando de psicología profunda, el creer versus saber, el deseo y la realidad, entendida esta última como la más grande de las metáforas.

(Agredecimientos a David Londoño pr compartirlo).





martes, 9 de diciembre de 2008

El monje y la araña

La salud total y el despertar son realmente lo mismo. Tarthang Tulku

Les comparto una excelente historia zen sobre la fuente del sufrimiento y sobre donde ponemos las causas de nuestros desequilibrios.

Un monje de un monasterio zen en el Japón luchaba constantemente con su práctica meditativa. Cada vez que se ponía a meditar veía como lo amenazaba una araña inmensa. Después de meses de infructuosa meditación, miedo y ansiedad decidió finalmente matar al molesto animal.

Mientras se dirigía decidido, cuchillo en mano, al Dojo para su práctica, le vió su Sensei quien le preguntó que se proponía. El joven le explicó su problema. El Sensei le escuchó atentamente y le recomendó al joven monje una estrategia. Le dijo que primero cogiera su pincel de caligrafía y que, cuidadosamente pintara una cruz en el vientre de la araña, para clavar al día siguiente el cuchillo en la intersección de la cruz.

El monje entusiasmado entró en el Dojo y se entregó a su meditación. Cuando apareció la araña le pintó cuidadosamente el vientre. Sintiéndose bastante satisfecho hizo una reverencia y salió del salón de meditación, para encontrar en la parte delantera de su hábito una gran cruz pintada.


jueves, 25 de septiembre de 2008

La Epifanía del Sanador

Tanto nosotros como muchos de la Sanadores con los que trabajamos y a los que enseñamos, han vivido experiencias cumbre que los llevaron a tener conciencia de un hecho trascendental: todo por lo que estaban dando la vida respondía más a un compromiso ajeno a ellos (la familia, la sociedad, el estatus, etc) que a un impulso esencial de su naturaleza más profunda.

Estas epifanías pueden venir gestándose luego de años de lucha interior, en ese conflicto entre el querer ser uno mismo y el asumirse totalmente. Esos momentos previos a la revelación fundamental pueden identificarse por un sinsentido de vida, un reiterado vacío existencial formado a raíz de habitar precariamente esa tierra de nadie que hace de frontera entre los territorios del deber ser (externo) y el ser (interno). En ese lugar no hay forma de mediar, se és para tener sentido de vida o se renuncia al reclamo interno asumiendo las consecuencias de tal negación.

Pero siempre nuestra verdadera esencia encuentra camino en nosotros para manifestarse y confrontarnos. Es allí cuando, como último recurso, la enfermedad aparece y nos habla, arrincona sin consideraciones los pretextos que hemos construido por años para no ver lo que verdaderamente somos. Así entendemos la enfermedad no como una enemiga que hay que extirpar sino como una herramienta que nuestro ser utiliza para reflejar nuestras carencias y anhelos no cumplidos.

Este proceso es el mismo que testimonian diversos chamanes alrededor del mundo, cuando accidentes, encuentros cercanos a la muerte, ciclos extremos de penuria y enfermedad, los llevan a revalidar lo que han hecho de sí mismos, siendo ellos los únicos responsables de su propio estado y no las circunstancias, como comúnmente hacemos. Estos hechos los obligan a su vez a tomar conciencia del verdadero camino sin enmascararlo con falsas pretensiones o nuestros típicos “lo pospondré para más adelante cuando haya tiempo”.

Tomar conciencia de lo que somos, y vivir coherentemente con él es el proceso fundamental de nuestro paso por este mundo. Es a través de escucharnos y responder positivamente al llamado que asentimos a la vida y la terminamos dando por algo y no finalmente por nada, como vemos a diario a nuestro alrededor.